Por: CIENFUEGOS
Qué extraño truco se venía tejiendo en los confines del tarot. Cuántas varas he colocado a esta extraña vida, tratando de enderezar los infortunios que se hacen corteza hacia dentro y hacia afuera. Qué se ha de aprender. ¿No era acaso una gran ruptura cruzar los aires desde los Andes hasta las proximidades de las Sierras Madres? Tal parece que no. Aun falta cruzar otras atmósferas para ver si en verdad se gesta la ruptura y solo tomo los hilos buenos de lo que pensaba, era mi antiguo traje. Ahora transito alegrías que me obligo a sentir, para des-hilar la pedante falta de perplejidad agradeciendo el estar vivo, aquí, en el vértigo del potro de diez centímetros… de un paso sumado a miles, entre lecturas y breves compartires en los que quizá hablo más para mí y así, confirmar que sigo en equilibrio ante un Jurado Olímpico, al cual le desconozco el rostro.
El Uni-verso me mira a los ojos y brinca mis antiparras para verificar que no estoy preparado para la plenitud y sonríe, tal vez, sabiendo que al menos vivo y muero algo despierto cada día.
Este es un espacio libre para la publicaciòn de lo que mentes positivas, sin limites y libertarias, sean capaces de pergeñar. Un espacio para la libre y fecunda expresiòn de aquellos que quizá tan solo cuentan con el deseo, pero no tienen, ni anhelan, el genio. Para aquellos que aman escribir sin la camisa de fuerza de las formas convencionales y estàn màs atentos a los contenidos sentidos.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
lunes, 30 de agosto de 2010
No.2 ALUCINACION
Por: CIENFUEGOS
Andreína. Seudónimo con el cual te unges como mujer y poetisa. Andreína. Así podrás firmar a Urano y a Gea, a la línea invisible donde ellos se besan.
Y ahora dirás que este remedo de escritor, arriero de letras y palabras, te llama poetisa sin haber tu pintado, un corto madrigal. Pero el aliento, el efluvio de tu cuerpo ya anuncia la talla lírica que parirá tu entraña y tu ánima.
Alucinación: Invento psiquiátrico que margina
al soñador sin tiempo ni oficio del clarividente.
Complemento
De ti, la trampa es tan solo vértigo medido; y el robo la satisfacción del zorro viejo. El bochorno mojigato de los que creen que dios es justo y que en el cielo nadie hurta, te hace sonreír con ira, mientras gozas el botín superfluo. Porque sabes que para la vida, la matemática es su diestro oficio; y ella es justa, sabe sus cuentas, aunque el hombre aprecie injusticia.
Complemento: Dícese de la mujer que no pide más moral que
el amor por ella; teniendo en cuenta el vértigo y la satisfacción.
-
Refugio
Palpita la tumba que renace del gris al rojo sangre. Rojo de tu mejilla convulsa, paróxica. Radiografía de tu pasión invicta y tu bella queja a mi oído. Palpita tu pecho, febril nutriente que no hastía. Avalancha blanca, colinas del Parnaso donde sumerjo mi cara para beber rocío. Como el ébano que inunda el ojo podrido del ciego, recubre tu vientre un ¿corsé?, Y el ombligo es delicia apenas sugerida. De ahí al tobillo, todo late embalsamado, en modernos hilos que desbarato dormido.
Refugio: Aquél cuerpo que no se habita
despierto y en sueños nos guarece del frío.
21/10/02
Andreína. Seudónimo con el cual te unges como mujer y poetisa. Andreína. Así podrás firmar a Urano y a Gea, a la línea invisible donde ellos se besan.
Y ahora dirás que este remedo de escritor, arriero de letras y palabras, te llama poetisa sin haber tu pintado, un corto madrigal. Pero el aliento, el efluvio de tu cuerpo ya anuncia la talla lírica que parirá tu entraña y tu ánima.
Alucinación: Invento psiquiátrico que margina
al soñador sin tiempo ni oficio del clarividente.
Complemento
De ti, la trampa es tan solo vértigo medido; y el robo la satisfacción del zorro viejo. El bochorno mojigato de los que creen que dios es justo y que en el cielo nadie hurta, te hace sonreír con ira, mientras gozas el botín superfluo. Porque sabes que para la vida, la matemática es su diestro oficio; y ella es justa, sabe sus cuentas, aunque el hombre aprecie injusticia.
Complemento: Dícese de la mujer que no pide más moral que
el amor por ella; teniendo en cuenta el vértigo y la satisfacción.
-
Refugio
Palpita la tumba que renace del gris al rojo sangre. Rojo de tu mejilla convulsa, paróxica. Radiografía de tu pasión invicta y tu bella queja a mi oído. Palpita tu pecho, febril nutriente que no hastía. Avalancha blanca, colinas del Parnaso donde sumerjo mi cara para beber rocío. Como el ébano que inunda el ojo podrido del ciego, recubre tu vientre un ¿corsé?, Y el ombligo es delicia apenas sugerida. De ahí al tobillo, todo late embalsamado, en modernos hilos que desbarato dormido.
Refugio: Aquél cuerpo que no se habita
despierto y en sueños nos guarece del frío.
21/10/02
No. 1 REVELACION
Por: CIENFUEGOS
La palabra, la nota, el trazo. Toda impresión primera de quien observa y plasma. He visto el trazo amable y ácido del poeta, de aquel que imprime brisa o borrasca. Versátil este que brinca sin esfuerzo y logra el perfecto mimetismo. Pero ese que acostumbra grafemar el dolor; pintar tormentas o armonizar el llanto, el chillido; helo allí, instado a plasmar su más febril felicidad y solo vomita ridiculez. Y toda esa amalgama artística se vuelve un gesto bochornoso y circense.
Y vos y yo tan parecidos a ellos ¿Qué otra cosa nos tiñe bien el rostro si no es el sarcasmo, el humor negro y la irreverencia? La candidez, la perfecta mitad ya superada es ficción del impúber. Alguna vez aspiré a princesa de mil trajes, uno tras otro superando en primor al anterior. Veía por entonces más los encajes del vestido que a la mujer. El sueño no ha muerto. Se ha depurado y encontrado en tu traje primero y desnudo el mejor encaje a mi manera. No es el perfume de la flor lo bello; no es el color o su forma. Ingenuo es quien se magnifica con ello. Lo hermoso de ella es lo que la nutre. El agua: hedionda o pura. La tierra: síntesis de mil eras… del estiércol o el animal muerto. La invalidez de mi torpe vista no ha cegado la óptica de mi esencia y por ello, terco, insisto cuando una flor como vos vale la pena... y sin quererlo voy amando, no a la forma ni al bulto que al abrazar idolatro. Por aquello que borroso aun para mí, sé que la nutre.
He ahí la virtud de la flor y de vos: hacer de tan pútridas materias un cabello, alma, hueso, labio, sonrisa y vértigo a mi manera.
XV/X/MMII
La palabra, la nota, el trazo. Toda impresión primera de quien observa y plasma. He visto el trazo amable y ácido del poeta, de aquel que imprime brisa o borrasca. Versátil este que brinca sin esfuerzo y logra el perfecto mimetismo. Pero ese que acostumbra grafemar el dolor; pintar tormentas o armonizar el llanto, el chillido; helo allí, instado a plasmar su más febril felicidad y solo vomita ridiculez. Y toda esa amalgama artística se vuelve un gesto bochornoso y circense.
Y vos y yo tan parecidos a ellos ¿Qué otra cosa nos tiñe bien el rostro si no es el sarcasmo, el humor negro y la irreverencia? La candidez, la perfecta mitad ya superada es ficción del impúber. Alguna vez aspiré a princesa de mil trajes, uno tras otro superando en primor al anterior. Veía por entonces más los encajes del vestido que a la mujer. El sueño no ha muerto. Se ha depurado y encontrado en tu traje primero y desnudo el mejor encaje a mi manera. No es el perfume de la flor lo bello; no es el color o su forma. Ingenuo es quien se magnifica con ello. Lo hermoso de ella es lo que la nutre. El agua: hedionda o pura. La tierra: síntesis de mil eras… del estiércol o el animal muerto. La invalidez de mi torpe vista no ha cegado la óptica de mi esencia y por ello, terco, insisto cuando una flor como vos vale la pena... y sin quererlo voy amando, no a la forma ni al bulto que al abrazar idolatro. Por aquello que borroso aun para mí, sé que la nutre.
He ahí la virtud de la flor y de vos: hacer de tan pútridas materias un cabello, alma, hueso, labio, sonrisa y vértigo a mi manera.
XV/X/MMII
martes, 6 de julio de 2010
CIENTO SESENTA CARACTERES O EL SEGUIMIENTO DE UN PSEUDO AMANTE
Por:Cienfuegos
MMIX
Ahora veo que cualquier cansancio tuyo no sería extraño. Me sorprendí al transcribir, de tanto mimo que te hago. A veces pierdo las proporciones, aunque siempre corrijo. Mensajes estos que lee tu novio. Ya no es solo la violación de tu privacidad sino de la mía; ya él y tu naturalizaron el abuso a tu intimidad. Sobra decirte ¿cuánto he llegado a querer tu libertad y tu gracia?... Qué bueno volverte a encontrar.
Gata ingrata, te sacas tan cara una llamada? O ya para nada, te trama –o aguanta- este camarada? Jajaja. No lo descarto llévame los 100 y almorzamos, call me
Gracias por lo de la etiqueta. No olvides igual tu lectura… Ah! las caminatas solo son magia negativa de la emoción pero somos más que magia muchos besos
Sabes? De andar algo oculto, es cosa molesta no poder ser útil… espero Jipo y tu novio te cuiden. X fa te bañas con h2o caliente. Yo te cuidaré a mi modo 1 beso
Amor igual no muerte. Uno ama cuando ni busca a otro como tumba ni pretende ser una. En tal medida vos y yo nos amamos y no queda más que libre albedrío
Dónde te fuiste hilandera que ya ni siquiera me llamas? Qué hacías en estos días, qué hacías y dónde estabas???
Una visita que hace doler los senos!? Y tú, me distancias de ellos cuando porto en mi boca la alquimia que revierte la queja en placer? 1 beso a cada pocheca otroati
Fuiste x las notas de tu hijo?
Anoche cacé 4 demonios q osaban turbar mi genio, como te dije, me alumbraban. 1 d ellos era yo. Hoy en la mañana los atrapé en una nube q a esta hora no existe
Listo gatica!!!
Ya durmió la gatica??? Ahorita le doy una vuelta al mundo… Ahí en los límites de tu intuición y mis sueños indago la decadencia… Me explico? Ya casi te llamo
Si sentiste eso hoy es xq me extrañas.. pero no olvides nunca los besos q te doy, pues allí nazco y muero… No hablemos más igual te he extrañado. Yo me siento como me dices q t sentiste hoy
Cada viernes yo me paro a la puerta de ti y te veo entrar de otro brazo al fin d semana. Tqm y quiero de nuevo decírtelo con la piel… mañana?
Anduve el centro. Hallé la sombra de tus huellas pisando reyes y mendigos. La sombra de tu cabecita vino a mí y ahora se columpia en un rojo cabello tuyo!
Predecible para quién te tinturas; así somos los dioses. Debí preguntar por el fin. hoy vi q podías ayudarme pero tienes marcado el ‘es tu problema’. El egocentrismo no te exime de dar Sabes? Tqm eres una bella causalidad.
Quieres una paletica?
Muy buenos días princesa… qué me importa un día gris cuando sé que en tierras castellanas ya sale el sol en tu sonrisa?
Eres el centro de un poema… la emoción desde donde aguardo con zozobra el volver a verte o escucharte… que ruido bello traes al silencio de mis tardes… estas de fin de semana en donde entiendo la tenencia de quien no amarramos y así con rara calma asumo que migras hacia ti en otro. Mua!
Hielo 10 min luego compresa caliente y luego pomada. Cuando puedas te hago terapia ahí sí sería en mi sofá… Aquí tengo libros, hielo y… pues el hielo va con? … ron? 1 besote
Tu sonrisa es igual a un niño quemando mariposas con cera. Quítale el sucio tizne urbano a tu rostro, para que descanse en una almohada que hice de suspiros…
Oh! Tu sí que me gustas, hazlo, con placer y a solas preludio de Onán, pero mejor llegas conmigo… este miércoles al fin… si no para q´ piel
Si tu fueras una mujer, te hubiese enviado rosas… pero que va, lo q tu eres es una MUJERZOTA!!! Un besote y que la pases del carajo!!!
Cómo te vas quedando quieta… suspendida como una tibia nube de verano q espera ser aguacero en la tierra fértil de mi genio y afecto por vos… un beso.
NOTA: Corrijo sin corregir: a pesar de todo, sesudo amante. Este texto recopila la celu-intensidad de la cual fui capaz al quedar perplejo, no tanto por las artes amatorias de una fémina, definitivamente muy bella, como de una magia sin parangón que la elevó, y aun la mantiene, a la altura mística del poeta o del ethos poético que me imprimió por un tiempo, pues poeta no soy. Algunas putiadas me gané por un celoso ‘macho’. Quien ingenuamente creía y cree aun, tenerla escriturada. Rústico, Montaraz e incapaz de producir temblores o suspiros con grafemas. La meaba como un territorio meta-existente, o existente solo en su cabeza, cada vez que me llamaba iracundo del celular de la Bella Musa, -imagínolo con el rostro desfigurado- luego de leer mis singulares mensajes que no podían pasar de los ciento sesenta caracteres. Así, intentaba mostrarme sus dientes, seguramente afilados y reales. También ansiaba salpicar con su urea mi ánimo y amedrentarme con gruesos improperios, a lo cual, yo solo colgaba; driblando la micción. He aprendido a vivir tras el seudónimo de mi propio rostro. He habitado los callejones y las despedidas furtivas. También, he experimentado la etapa larval de concubino inmostrable… Cyrano no castrado… puto de primera… aunque al fin puto. No crean que no duele y que a veces no se anhela del amante al ‘meante’. Dije etapa larval… Y ¿qué pare tal crisálida? ¿Un descarado? ¿Un títere? ¿Una eterna suplencia? ¿Una sombra? ¿Un macro-orquídeo? ¿El Hombre Nuevo?... ¿La síntesis del buenazo de Guevara? No!!! Solo parió un gramo más de la sapiencia que acuño desde antes de mi efímera memoria humana, hundida en la rueda del Sámsara. Aprendí a entrar en el juego y admitir estar involucrado pero sin perder los estribos, allí donde no fecundaría más que ingrávidos y fugaces amancebamientos. Estoy mintiendo… Ya no. Esto lo confirma la ausencia de al menos un texto de ella. Casi extraño los alaridos del noviastro. Dicen que dicen los abuelos, que cada cual ama como puede. Pero me amó?... Ay dios minúsculo ya la quiero llamar! Pero es sábado y la puerta la estrellan en mi rostro, híbrido latino y altivo, el viernes en la tarde; pues ese día alumbra el negro-sol, el brillo tintineante y prostático de la micción del caro Dandi. Valió la pena… Porque estoy vivo… y seco! He aquí una muestra de la tremenda adaptabilidad de los modernos Hermes de nuestra propia divinidad; herederos de la poiesis, arca que vale un Potosí o una Golconda. Texto en exclusiva y sin ediciones. Algo sórdido como toda cotidianidad… y antes de juzgarme, o sonrojarse con pena ajena, apeticid@ lector, recuerde los cariñosos apodos que ha puesto y le han puesto o im-puesto. Con eso basta!
MMIX
Ahora veo que cualquier cansancio tuyo no sería extraño. Me sorprendí al transcribir, de tanto mimo que te hago. A veces pierdo las proporciones, aunque siempre corrijo. Mensajes estos que lee tu novio. Ya no es solo la violación de tu privacidad sino de la mía; ya él y tu naturalizaron el abuso a tu intimidad. Sobra decirte ¿cuánto he llegado a querer tu libertad y tu gracia?... Qué bueno volverte a encontrar.
Gata ingrata, te sacas tan cara una llamada? O ya para nada, te trama –o aguanta- este camarada? Jajaja. No lo descarto llévame los 100 y almorzamos, call me
Gracias por lo de la etiqueta. No olvides igual tu lectura… Ah! las caminatas solo son magia negativa de la emoción pero somos más que magia muchos besos
Sabes? De andar algo oculto, es cosa molesta no poder ser útil… espero Jipo y tu novio te cuiden. X fa te bañas con h2o caliente. Yo te cuidaré a mi modo 1 beso
Amor igual no muerte. Uno ama cuando ni busca a otro como tumba ni pretende ser una. En tal medida vos y yo nos amamos y no queda más que libre albedrío
Dónde te fuiste hilandera que ya ni siquiera me llamas? Qué hacías en estos días, qué hacías y dónde estabas???
Una visita que hace doler los senos!? Y tú, me distancias de ellos cuando porto en mi boca la alquimia que revierte la queja en placer? 1 beso a cada pocheca otroati
Fuiste x las notas de tu hijo?
Anoche cacé 4 demonios q osaban turbar mi genio, como te dije, me alumbraban. 1 d ellos era yo. Hoy en la mañana los atrapé en una nube q a esta hora no existe
Listo gatica!!!
Ya durmió la gatica??? Ahorita le doy una vuelta al mundo… Ahí en los límites de tu intuición y mis sueños indago la decadencia… Me explico? Ya casi te llamo
Si sentiste eso hoy es xq me extrañas.. pero no olvides nunca los besos q te doy, pues allí nazco y muero… No hablemos más igual te he extrañado. Yo me siento como me dices q t sentiste hoy
Cada viernes yo me paro a la puerta de ti y te veo entrar de otro brazo al fin d semana. Tqm y quiero de nuevo decírtelo con la piel… mañana?
Anduve el centro. Hallé la sombra de tus huellas pisando reyes y mendigos. La sombra de tu cabecita vino a mí y ahora se columpia en un rojo cabello tuyo!
Predecible para quién te tinturas; así somos los dioses. Debí preguntar por el fin. hoy vi q podías ayudarme pero tienes marcado el ‘es tu problema’. El egocentrismo no te exime de dar Sabes? Tqm eres una bella causalidad.
Quieres una paletica?
Muy buenos días princesa… qué me importa un día gris cuando sé que en tierras castellanas ya sale el sol en tu sonrisa?
Eres el centro de un poema… la emoción desde donde aguardo con zozobra el volver a verte o escucharte… que ruido bello traes al silencio de mis tardes… estas de fin de semana en donde entiendo la tenencia de quien no amarramos y así con rara calma asumo que migras hacia ti en otro. Mua!
Hielo 10 min luego compresa caliente y luego pomada. Cuando puedas te hago terapia ahí sí sería en mi sofá… Aquí tengo libros, hielo y… pues el hielo va con? … ron? 1 besote
Tu sonrisa es igual a un niño quemando mariposas con cera. Quítale el sucio tizne urbano a tu rostro, para que descanse en una almohada que hice de suspiros…
Oh! Tu sí que me gustas, hazlo, con placer y a solas preludio de Onán, pero mejor llegas conmigo… este miércoles al fin… si no para q´ piel
Si tu fueras una mujer, te hubiese enviado rosas… pero que va, lo q tu eres es una MUJERZOTA!!! Un besote y que la pases del carajo!!!
Cómo te vas quedando quieta… suspendida como una tibia nube de verano q espera ser aguacero en la tierra fértil de mi genio y afecto por vos… un beso.
NOTA: Corrijo sin corregir: a pesar de todo, sesudo amante. Este texto recopila la celu-intensidad de la cual fui capaz al quedar perplejo, no tanto por las artes amatorias de una fémina, definitivamente muy bella, como de una magia sin parangón que la elevó, y aun la mantiene, a la altura mística del poeta o del ethos poético que me imprimió por un tiempo, pues poeta no soy. Algunas putiadas me gané por un celoso ‘macho’. Quien ingenuamente creía y cree aun, tenerla escriturada. Rústico, Montaraz e incapaz de producir temblores o suspiros con grafemas. La meaba como un territorio meta-existente, o existente solo en su cabeza, cada vez que me llamaba iracundo del celular de la Bella Musa, -imagínolo con el rostro desfigurado- luego de leer mis singulares mensajes que no podían pasar de los ciento sesenta caracteres. Así, intentaba mostrarme sus dientes, seguramente afilados y reales. También ansiaba salpicar con su urea mi ánimo y amedrentarme con gruesos improperios, a lo cual, yo solo colgaba; driblando la micción. He aprendido a vivir tras el seudónimo de mi propio rostro. He habitado los callejones y las despedidas furtivas. También, he experimentado la etapa larval de concubino inmostrable… Cyrano no castrado… puto de primera… aunque al fin puto. No crean que no duele y que a veces no se anhela del amante al ‘meante’. Dije etapa larval… Y ¿qué pare tal crisálida? ¿Un descarado? ¿Un títere? ¿Una eterna suplencia? ¿Una sombra? ¿Un macro-orquídeo? ¿El Hombre Nuevo?... ¿La síntesis del buenazo de Guevara? No!!! Solo parió un gramo más de la sapiencia que acuño desde antes de mi efímera memoria humana, hundida en la rueda del Sámsara. Aprendí a entrar en el juego y admitir estar involucrado pero sin perder los estribos, allí donde no fecundaría más que ingrávidos y fugaces amancebamientos. Estoy mintiendo… Ya no. Esto lo confirma la ausencia de al menos un texto de ella. Casi extraño los alaridos del noviastro. Dicen que dicen los abuelos, que cada cual ama como puede. Pero me amó?... Ay dios minúsculo ya la quiero llamar! Pero es sábado y la puerta la estrellan en mi rostro, híbrido latino y altivo, el viernes en la tarde; pues ese día alumbra el negro-sol, el brillo tintineante y prostático de la micción del caro Dandi. Valió la pena… Porque estoy vivo… y seco! He aquí una muestra de la tremenda adaptabilidad de los modernos Hermes de nuestra propia divinidad; herederos de la poiesis, arca que vale un Potosí o una Golconda. Texto en exclusiva y sin ediciones. Algo sórdido como toda cotidianidad… y antes de juzgarme, o sonrojarse con pena ajena, apeticid@ lector, recuerde los cariñosos apodos que ha puesto y le han puesto o im-puesto. Con eso basta!
CHARLES BAUDELAIRE: SU MORAL Y SU POSTURA
Por:Cienfuegos
IX/IX/MMII
El siguiente ensayo toma como base de argumento dos textos. El primero es Acusados: Flaubert y Baudelaire . El segundo es la parte introductoria a las Flores del Mal .
Acusados, es la evidencia cabal de cómo era percibida la literatura de Baudelaire hacia la segunda mitad del XIX. Con las primeras líneas se advierte la atmósfera de la cual gozaba el acusado al igual que la fama; odiado por los moralistas y los predicadores de los antiguos y buenos valores, querido por las nuevas mentes y nuevas empresas del alma moderna; ante todo, la muestra casi infame de su andar impermeable al mundo; pero que media de alguna manera como un Abraxas del Demian de Herman Hesse o como un Daimón socrático entre lo humano y lo divino:
"El jueves 20 de agosto de 1857, adornado con la aureola de vampiro pútrido y concupiscente con que lo ha congratulado Le Fígaro por la aparición de las Flores del Mal […] curiosos que han venido a conocer al depravado .
El hecho de haber sido llevado a juicio por atentar contra los valores morales y religiosos, indica el corte, la ruptura de Baudelaire como hombre moderno con la mentalidad y estilo literario y pictórico ya un tanto trajinados tanto para su gusto como para la urgencia del alma moderna y citadina cargada de angustia y nostalgia -Spleen- que constituye el foco principal del hombre de su época que despierta ante el vértigo y la angustia de la industria, la competencia y la inseguridad de ser dueños de algo diferente a la oportunidad que le brinde el espacio social del Estado .
Es de esta manera lógica ver llegar en medio de la sociedad francesa a Baudelaire ante un tribunal, que, como lo indica el propio abogado imperial Ernest Pinar, no es tarea fácil: "Demandar un libro por ofensas a la moral pública es siempre algo delicado. Si la acusación no alcanza su objetivo se fabrica el éxito del autor, casi su pedestal, este sale vencedor, y uno asume respecto a él la apariencia de perseguidor. "
El abogado argumenta que trata de juzgar no al autor sino a la obra; aunque lo segundo que pone de manifiesto es que el acusado carece de escuela: por lo cual solo se debe así mismo. He aquí un rasgo de distinción del hombre moderno: su validez como individualidad, su proyección desamparada. El abogado intenta juzgar el alcance moral de la obra pero le es inevitable hablar del autor, ya que autor y obra son, pese a que es solo la visión desde el punto de vista jurídico, la lógica de la hermenéutica.
Comienza el abogado a mostrar apartes de varios versos. Es bastante diciente lo que refiere frente a un fragmento de la metamorfosis del vampiro:
Cuando hubo succionado de mis huesos la médula
Y muy lánguidamente me volvía hacia ella
A fin de devolverle un beso
Solo vi
Rebosante de pus, un odre pegajoso.
Respecto a ello dice:
"¿De buena fe, creen ustedes que está permitido decirlo todo, pintarlo todo, ponerlo todo al desnudo, con tal de que enseguida se hable de la repugnancia producida por el exceso y se describan las enfermedades que lo castigan?"
Podemos ver aquí que la literatura no solo es juzgada en función de los elementos estéticos; la moral proyectada de una cultura en sus artes constituye un asunto importante como construcción de identidad, es más, como vigilancia de la misma construcción civil que parte de la polis, la ciudad, el ciudadano, todas estas figuras modernas. Hay que tener en cuenta que hasta mitad del XVIII se le otorga a la literatura un acento hedonista o pedagógico - moralista. En León Tolstoy, hombre de segunda mitad del XIX, todavía se puede observar la función pedagógica del arte y la literatura.
Volviendo al caso que nos compete, el abogado señala como ofensas a la moral cristiana Las Letanías de Satán; Abel y Caín; la Negación de San Pedro; el Vino del Asesino; argumenta la descarada forma en la que Baudelaire invoca a Satán en contra de los santos y hace decir al asesino: "que yo como de Dios, me río del diablo y de la Sagrada Cena." - ¿No es acumular excesos de lenguaje que justifican el mandato del juez de instrucción? - Pregunta el abogado.
Con estos pocos apartes quiero dar a entender que la época en la cual escribe Baudelaire se encuentra en el período de transición hacia la modernidad. Por un lado unas publicaciones que llegan a millares de ejemplares, lo cual muestra el respaldo público de la obra, la identidad de sus contemporáneos con las líneas del autor en cuestión y por otro lado la resistencia moral del Estado que trata de controlar lo inevitable: la ascensión del hombre moderno con sus miedos; no amoral sino fabricante de una moral nueva, acorde con el ritmo del mundo; insano oxidado, ardiente en la polución incansable de la industria.
Por ello es bueno decir, partiendo del carácter subjetivo del ensayo, que, en mi concepto, el arte por el arte no es una enunciación objetiva o al menos pertinente. Que algo sea bello sin necesidad de ser útil, como afirma Karl Phillip Morris, es algo dudoso. Si el hombre se atreve a plasmar de alguna manera, es llevado al acto por un impulso vital de expresión. En ese preciso momento ya el acto mismo cobra utilidad: "comunicar" "exportar una emoción"; "importar un juicio". Lo bello o lo feo no cobra un interés primordial en lo subjetivo, pero sí en lo objetivo. Lo bello y lo feo son juicios colectivos que se complejizan precisamente por la coexistencia del hombre en comunidad.
En el juicio de Baudelaire encontramos el debate completo y claro. Por un lado una comunidad que lo apoya con la compra y por ende el fomento de un mercado editorial exitoso; otro elemento de la modernidad. Por otro un Estado que lo juzga para mantener la vigilancia de la moral. Lo que para el segundo es feo, excesivo y amoral, para el primero es bello, pertinente y consecuente con el sentimiento del hombre moderno.
La moral, lo bello, lo útil no son instituciones ni banderas de gremios como bien lo hace saber Ernesto Sábato en su obra ‘El Túnel’, al mostrar una repelencia contundente a agremiarse para hacerse cómplice de elogios y discursos de lo bueno y lo malo; lo bello y lo horrible lo correcto y lo incorrecto.
Pienso que esa es la principal característica de la obra de Baudelaire: el rompimiento con el esquema clásico, su no-agremiación, su no-participación a una escuela o estilo.
Pero veamos lo que argumenta la defensa ya para terminar. Gustave Chaix, argumenta un punto que ya la parte acusadora había señalado y no solo establece la reflexión sobre lo útil y lo bello sino que lo hace trascender como punto valido moral y jurídico:
"En primer lugar, el poeta los pone en guardia mediante su titulo. Que está allí disfrutando de un protagonismo especial, para anunciar la naturaleza y el género de la obra, es el mal lo que va enseñarles, la flora de los lugares malsanos, los frutos de lo vegetales venenosos - se lo dice a ustedes el titulo del mismo modo que el titulo infierno en la obra de Dante - pero va a mostrarles eso para condenarlo, para inspirarles horror hacia él, para inspirarles odio y repugnancia" .
Luego la defensa argumenta la honestidad del poeta al prevenir en el epígrafe al lector con el siguiente verso:
Se dice que hay que verter las cosas execrables
En los pozos del olvido y en el sepulcro encerradas
Y que resucitados por los escritos del mal
Infectará las costumbres de la posteridad
Pero el vicio no tiene por madre la ciencia
Y la virtud no es hija de la ignorancia.
El abogado reconoce como la contra parte que ninguno goza de juicios de crítica literaria por lo cual no hay que ver la forma sino el fondo, esto involucra no caer en el juego de las exageraciones que sugiere el abogado acusador, sino obviar ello para llegar al fondo de la intención de poeta:
"pintar el vicio, pero pintarlo con violentos colores - yo diría si así lo prefieren bajo un exagerado colorido - para hacer resaltar mejor lo que encierra de odioso y de repugnante."
Creo que por lo demás, solo lo podía ganar la parte que más prevaleciera social y moralmente en ese momento. Era imposible ganar un juicio como embrión moderno. No era tolerable semejante arrojo literario en aquella época. Primero Baudelaire fue absuelto del cargo de ofensa a la moral religiosa y se le culpó de ofensa a la moral pública y las buenas costumbres. Baudelaire tuvo que pagar 300 francos de multa y los editores 100 francos. Ordena la supresión de las piezas que llevan los números 20, 30, 80, 81, 81 de la compilación. Esto muestra que el Estado prevalece como institución política y jurídica ordenadora de la moral civil (este es un importantísimo signo de modernidad, el fallo del tribunal) sobre la moral religiosa.
De esta manera veo que la defensa hizo un legítimo planteamiento, por lo menos respecto a mi postura, me permite mostrar que un mismo hecho visto desde dos puntos puede ser tomado para el caso como amoral, o moralista; como inspirador de mal o como elevador de la virtud mediante la contemplación algo exagerada de las dolencias de este hombre y mujer paridos por la modernidad.
Sin embargo como buen decadente, Baudelaire sabe que su lugar en el mundo es un fuerte estorbo a la moral y el andar placentero del hombre que solo ve el gusto en lo bello. Así no lo hace saber en su poema ‘Bendición’:
Cuando por un decreto de la deidad suprema,
el poeta aparece en el mundo aburrido,
Su madre abre el infierno de su boca blasfema
Y grita a Dios, que la oye gritar compadecido:
"¡ Ah! ¿Por qué no he parido un hato de escorpiones
Antes que en tal miseria dejar me sucesión?
¡Yo maldigo la noche de vagas convulsiones
En que engendró mi vientre mi propia expiación!
[…] Y en el vino y en el pan que ha de gustar su boca
Echa el vulgo cenizas y asquerosa saliva;
Y con hipocresía rechaza lo que él toca
Y en las sendas, las huellas de sus pasos esquiva.
La objetividad sola es el acuerdo entre las miles de subjetividades de una sociedad; el arte es expresión. El Arte por arte es la manifestación de la trascendencia de la expresión humana sobre la regla y la manifestación de la intrascendencia de los juicios sociales sobre el arte. Esto, escapa a cualquier censura y aun así, censurarlo solo lograría el efecto contrario… solo, se puede dejar que sea.
IX/IX/MMII
El siguiente ensayo toma como base de argumento dos textos. El primero es Acusados: Flaubert y Baudelaire . El segundo es la parte introductoria a las Flores del Mal .
Acusados, es la evidencia cabal de cómo era percibida la literatura de Baudelaire hacia la segunda mitad del XIX. Con las primeras líneas se advierte la atmósfera de la cual gozaba el acusado al igual que la fama; odiado por los moralistas y los predicadores de los antiguos y buenos valores, querido por las nuevas mentes y nuevas empresas del alma moderna; ante todo, la muestra casi infame de su andar impermeable al mundo; pero que media de alguna manera como un Abraxas del Demian de Herman Hesse o como un Daimón socrático entre lo humano y lo divino:
"El jueves 20 de agosto de 1857, adornado con la aureola de vampiro pútrido y concupiscente con que lo ha congratulado Le Fígaro por la aparición de las Flores del Mal […] curiosos que han venido a conocer al depravado .
El hecho de haber sido llevado a juicio por atentar contra los valores morales y religiosos, indica el corte, la ruptura de Baudelaire como hombre moderno con la mentalidad y estilo literario y pictórico ya un tanto trajinados tanto para su gusto como para la urgencia del alma moderna y citadina cargada de angustia y nostalgia -Spleen- que constituye el foco principal del hombre de su época que despierta ante el vértigo y la angustia de la industria, la competencia y la inseguridad de ser dueños de algo diferente a la oportunidad que le brinde el espacio social del Estado .
Es de esta manera lógica ver llegar en medio de la sociedad francesa a Baudelaire ante un tribunal, que, como lo indica el propio abogado imperial Ernest Pinar, no es tarea fácil: "Demandar un libro por ofensas a la moral pública es siempre algo delicado. Si la acusación no alcanza su objetivo se fabrica el éxito del autor, casi su pedestal, este sale vencedor, y uno asume respecto a él la apariencia de perseguidor. "
El abogado argumenta que trata de juzgar no al autor sino a la obra; aunque lo segundo que pone de manifiesto es que el acusado carece de escuela: por lo cual solo se debe así mismo. He aquí un rasgo de distinción del hombre moderno: su validez como individualidad, su proyección desamparada. El abogado intenta juzgar el alcance moral de la obra pero le es inevitable hablar del autor, ya que autor y obra son, pese a que es solo la visión desde el punto de vista jurídico, la lógica de la hermenéutica.
Comienza el abogado a mostrar apartes de varios versos. Es bastante diciente lo que refiere frente a un fragmento de la metamorfosis del vampiro:
Cuando hubo succionado de mis huesos la médula
Y muy lánguidamente me volvía hacia ella
A fin de devolverle un beso
Solo vi
Rebosante de pus, un odre pegajoso.
Respecto a ello dice:
"¿De buena fe, creen ustedes que está permitido decirlo todo, pintarlo todo, ponerlo todo al desnudo, con tal de que enseguida se hable de la repugnancia producida por el exceso y se describan las enfermedades que lo castigan?"
Podemos ver aquí que la literatura no solo es juzgada en función de los elementos estéticos; la moral proyectada de una cultura en sus artes constituye un asunto importante como construcción de identidad, es más, como vigilancia de la misma construcción civil que parte de la polis, la ciudad, el ciudadano, todas estas figuras modernas. Hay que tener en cuenta que hasta mitad del XVIII se le otorga a la literatura un acento hedonista o pedagógico - moralista. En León Tolstoy, hombre de segunda mitad del XIX, todavía se puede observar la función pedagógica del arte y la literatura.
Volviendo al caso que nos compete, el abogado señala como ofensas a la moral cristiana Las Letanías de Satán; Abel y Caín; la Negación de San Pedro; el Vino del Asesino; argumenta la descarada forma en la que Baudelaire invoca a Satán en contra de los santos y hace decir al asesino: "que yo como de Dios, me río del diablo y de la Sagrada Cena." - ¿No es acumular excesos de lenguaje que justifican el mandato del juez de instrucción? - Pregunta el abogado.
Con estos pocos apartes quiero dar a entender que la época en la cual escribe Baudelaire se encuentra en el período de transición hacia la modernidad. Por un lado unas publicaciones que llegan a millares de ejemplares, lo cual muestra el respaldo público de la obra, la identidad de sus contemporáneos con las líneas del autor en cuestión y por otro lado la resistencia moral del Estado que trata de controlar lo inevitable: la ascensión del hombre moderno con sus miedos; no amoral sino fabricante de una moral nueva, acorde con el ritmo del mundo; insano oxidado, ardiente en la polución incansable de la industria.
Por ello es bueno decir, partiendo del carácter subjetivo del ensayo, que, en mi concepto, el arte por el arte no es una enunciación objetiva o al menos pertinente. Que algo sea bello sin necesidad de ser útil, como afirma Karl Phillip Morris, es algo dudoso. Si el hombre se atreve a plasmar de alguna manera, es llevado al acto por un impulso vital de expresión. En ese preciso momento ya el acto mismo cobra utilidad: "comunicar" "exportar una emoción"; "importar un juicio". Lo bello o lo feo no cobra un interés primordial en lo subjetivo, pero sí en lo objetivo. Lo bello y lo feo son juicios colectivos que se complejizan precisamente por la coexistencia del hombre en comunidad.
En el juicio de Baudelaire encontramos el debate completo y claro. Por un lado una comunidad que lo apoya con la compra y por ende el fomento de un mercado editorial exitoso; otro elemento de la modernidad. Por otro un Estado que lo juzga para mantener la vigilancia de la moral. Lo que para el segundo es feo, excesivo y amoral, para el primero es bello, pertinente y consecuente con el sentimiento del hombre moderno.
La moral, lo bello, lo útil no son instituciones ni banderas de gremios como bien lo hace saber Ernesto Sábato en su obra ‘El Túnel’, al mostrar una repelencia contundente a agremiarse para hacerse cómplice de elogios y discursos de lo bueno y lo malo; lo bello y lo horrible lo correcto y lo incorrecto.
Pienso que esa es la principal característica de la obra de Baudelaire: el rompimiento con el esquema clásico, su no-agremiación, su no-participación a una escuela o estilo.
Pero veamos lo que argumenta la defensa ya para terminar. Gustave Chaix, argumenta un punto que ya la parte acusadora había señalado y no solo establece la reflexión sobre lo útil y lo bello sino que lo hace trascender como punto valido moral y jurídico:
"En primer lugar, el poeta los pone en guardia mediante su titulo. Que está allí disfrutando de un protagonismo especial, para anunciar la naturaleza y el género de la obra, es el mal lo que va enseñarles, la flora de los lugares malsanos, los frutos de lo vegetales venenosos - se lo dice a ustedes el titulo del mismo modo que el titulo infierno en la obra de Dante - pero va a mostrarles eso para condenarlo, para inspirarles horror hacia él, para inspirarles odio y repugnancia" .
Luego la defensa argumenta la honestidad del poeta al prevenir en el epígrafe al lector con el siguiente verso:
Se dice que hay que verter las cosas execrables
En los pozos del olvido y en el sepulcro encerradas
Y que resucitados por los escritos del mal
Infectará las costumbres de la posteridad
Pero el vicio no tiene por madre la ciencia
Y la virtud no es hija de la ignorancia.
El abogado reconoce como la contra parte que ninguno goza de juicios de crítica literaria por lo cual no hay que ver la forma sino el fondo, esto involucra no caer en el juego de las exageraciones que sugiere el abogado acusador, sino obviar ello para llegar al fondo de la intención de poeta:
"pintar el vicio, pero pintarlo con violentos colores - yo diría si así lo prefieren bajo un exagerado colorido - para hacer resaltar mejor lo que encierra de odioso y de repugnante."
Creo que por lo demás, solo lo podía ganar la parte que más prevaleciera social y moralmente en ese momento. Era imposible ganar un juicio como embrión moderno. No era tolerable semejante arrojo literario en aquella época. Primero Baudelaire fue absuelto del cargo de ofensa a la moral religiosa y se le culpó de ofensa a la moral pública y las buenas costumbres. Baudelaire tuvo que pagar 300 francos de multa y los editores 100 francos. Ordena la supresión de las piezas que llevan los números 20, 30, 80, 81, 81 de la compilación. Esto muestra que el Estado prevalece como institución política y jurídica ordenadora de la moral civil (este es un importantísimo signo de modernidad, el fallo del tribunal) sobre la moral religiosa.
De esta manera veo que la defensa hizo un legítimo planteamiento, por lo menos respecto a mi postura, me permite mostrar que un mismo hecho visto desde dos puntos puede ser tomado para el caso como amoral, o moralista; como inspirador de mal o como elevador de la virtud mediante la contemplación algo exagerada de las dolencias de este hombre y mujer paridos por la modernidad.
Sin embargo como buen decadente, Baudelaire sabe que su lugar en el mundo es un fuerte estorbo a la moral y el andar placentero del hombre que solo ve el gusto en lo bello. Así no lo hace saber en su poema ‘Bendición’:
Cuando por un decreto de la deidad suprema,
el poeta aparece en el mundo aburrido,
Su madre abre el infierno de su boca blasfema
Y grita a Dios, que la oye gritar compadecido:
"¡ Ah! ¿Por qué no he parido un hato de escorpiones
Antes que en tal miseria dejar me sucesión?
¡Yo maldigo la noche de vagas convulsiones
En que engendró mi vientre mi propia expiación!
[…] Y en el vino y en el pan que ha de gustar su boca
Echa el vulgo cenizas y asquerosa saliva;
Y con hipocresía rechaza lo que él toca
Y en las sendas, las huellas de sus pasos esquiva.
La objetividad sola es el acuerdo entre las miles de subjetividades de una sociedad; el arte es expresión. El Arte por arte es la manifestación de la trascendencia de la expresión humana sobre la regla y la manifestación de la intrascendencia de los juicios sociales sobre el arte. Esto, escapa a cualquier censura y aun así, censurarlo solo lograría el efecto contrario… solo, se puede dejar que sea.
PORQUE BLAKE MAGIN LIBRE
Elucubración adicional sobre una idea de Cienfuegos.
William Blake fue un londinense nacido a mitad del siglo XVIII, exactamente el 28 de noviembre de 1757. Se crió en un ambiente protestante liberal, lejano de la influencia dogmática de la clásica iglesia anglicana; y lejano del afecto-temor por Dios-Padre del antiguo testamento, fue cultivando una mente propia y ligada al reconocimiento como dilecto hijo de la Ilustración. Por ello, negó la deletérea separación alma-cuerpo; criticó la falaz moral cristiana por ser culpable de dos paradójicos antagonismos, solo solubles en tan aberrada concepción ética: el matrimonio y la prostitución. De esta manera, se convirtió en un temprano reivindicador de la libertad sexual en ambos sexos. El osó decir que el hombre es o anhela ser imaginación, pues ésta es ante todo potencialidad creadora hecha de espíritu y energía.
En su vida y obra, fue políticamente activo, amigo de la Revolución Francesa, aunque desconfío mucho de un cambio del mundo desde la Revolución social y abogó, ungido a sí mismo como Poeta-Profeta, por la Revolución espiritual, ya que toda institución está administrada por hombres con defectos y egoísmos que no dejan que llegue el verdadero cambio.
El simbolismo está incrustado en la obra de Blake. La conciencia crítica de la realidad, del afán urgente por una verdadera vida para los hombres y también una infancia, -aunque esto, en el siglo XVIII, aun no se entiende como ahora-, alumbra textos donde critica el abusivo trabajo infantil de aquella Revolución Industrial.
Blake, ante todo, fue un maestro místico. Entendiendo ello no solo como el acumulado de rituales y cábalas ajenas al mundo sensible, sino un místico que ejerce como foco de luz en la cotidianidad que le signó gran precariedad económica hasta su muerte, pues como artista grabador, poco éxito o ninguno tuvo. Su vuelo poético no se quedo en la contemplación ociosa. Siempre hay una enseñanza para sacudir al hombre y a la mujer de la ignorancia siempre apabullante del oficio confesional. Su Biblia del Infierno, aboga por un nuevo entender el tránsito de los mortales por el mundo, avivando la sexualidad como llave de lo sensible y como ímpetu que debe a veces superar a la razón, que a su decir, “Quienes reprimen el deseo, lo hacen porque el suyo es lo bastante débil como para ser reprimido. Así, quien reprime, o la Razón, usurpa su lugar y gobierna al renuente. Y al ser reprimido gradualmente se torna pasivo, hasta que es apenas la sombra del deseo”.
No decimos que sea la verdad todo su decir ni su hacer. Ni deificamos su memoria. Para nosotros todo es sagrado (los seres, la vida misma) y nada es profano. Pero entendemos que él encarna la claridad que queremos dar, así sea arbitraria, a nuestro Magín libre y libertario. La poesía y la prosa son fuerzas creadoras, al menos de la propia energía y al compartirse, migran para hallar coincidencias o seducir quietudes mentales, ancladas en la nueva bobelística televisada y en los anillos poco amables del marketing y el snob vertiginoso del mundo. Veamos pues ahora, qué es Magín Libre.
William Blake fue un londinense nacido a mitad del siglo XVIII, exactamente el 28 de noviembre de 1757. Se crió en un ambiente protestante liberal, lejano de la influencia dogmática de la clásica iglesia anglicana; y lejano del afecto-temor por Dios-Padre del antiguo testamento, fue cultivando una mente propia y ligada al reconocimiento como dilecto hijo de la Ilustración. Por ello, negó la deletérea separación alma-cuerpo; criticó la falaz moral cristiana por ser culpable de dos paradójicos antagonismos, solo solubles en tan aberrada concepción ética: el matrimonio y la prostitución. De esta manera, se convirtió en un temprano reivindicador de la libertad sexual en ambos sexos. El osó decir que el hombre es o anhela ser imaginación, pues ésta es ante todo potencialidad creadora hecha de espíritu y energía.
En su vida y obra, fue políticamente activo, amigo de la Revolución Francesa, aunque desconfío mucho de un cambio del mundo desde la Revolución social y abogó, ungido a sí mismo como Poeta-Profeta, por la Revolución espiritual, ya que toda institución está administrada por hombres con defectos y egoísmos que no dejan que llegue el verdadero cambio.
El simbolismo está incrustado en la obra de Blake. La conciencia crítica de la realidad, del afán urgente por una verdadera vida para los hombres y también una infancia, -aunque esto, en el siglo XVIII, aun no se entiende como ahora-, alumbra textos donde critica el abusivo trabajo infantil de aquella Revolución Industrial.
Blake, ante todo, fue un maestro místico. Entendiendo ello no solo como el acumulado de rituales y cábalas ajenas al mundo sensible, sino un místico que ejerce como foco de luz en la cotidianidad que le signó gran precariedad económica hasta su muerte, pues como artista grabador, poco éxito o ninguno tuvo. Su vuelo poético no se quedo en la contemplación ociosa. Siempre hay una enseñanza para sacudir al hombre y a la mujer de la ignorancia siempre apabullante del oficio confesional. Su Biblia del Infierno, aboga por un nuevo entender el tránsito de los mortales por el mundo, avivando la sexualidad como llave de lo sensible y como ímpetu que debe a veces superar a la razón, que a su decir, “Quienes reprimen el deseo, lo hacen porque el suyo es lo bastante débil como para ser reprimido. Así, quien reprime, o la Razón, usurpa su lugar y gobierna al renuente. Y al ser reprimido gradualmente se torna pasivo, hasta que es apenas la sombra del deseo”.
No decimos que sea la verdad todo su decir ni su hacer. Ni deificamos su memoria. Para nosotros todo es sagrado (los seres, la vida misma) y nada es profano. Pero entendemos que él encarna la claridad que queremos dar, así sea arbitraria, a nuestro Magín libre y libertario. La poesía y la prosa son fuerzas creadoras, al menos de la propia energía y al compartirse, migran para hallar coincidencias o seducir quietudes mentales, ancladas en la nueva bobelística televisada y en los anillos poco amables del marketing y el snob vertiginoso del mundo. Veamos pues ahora, qué es Magín Libre.
viernes, 25 de junio de 2010
DE TRANSFUGAS, TRAIDORES Y CONTUBERNIOS
Por: Carlo Mantiz
Esta es una historia de tránsfugas, traiciones y contubernios. Es una historia patética y, hasta cierto punto, inverosímil pues resulta muy difícil, de cara a la lealtad y a la decencia, de cara al rasero de la honestidad, creer que algunos espíritus sean capaces de mostrarse tan rastreros e inicuos en la consecución de protervos fines cuyo mísero corolario es la prosaica riqueza o el enajenante poder. Tristes fines, casi siempre logrados confirmando el manual de Maquiavelo y reafirmando su pérfido principio de que el fin justifica los medios. En honor a la verdad, prácticamente desde siempre, atenidos a las sagradas escrituras, la traición ha sido una mácula en el voluble carácter de los hombres; pero, quizá, nunca antes, como en estos tiempos , tal acción ha sido tan descarada, cuando los valores éticos son cosas de conveniencia y casi letra muerta; mero motivo de escarnio para los cínicos y descreídos.
Hubo antaño cierto dique moral que contenía los desmanes de algunos hombres, por naturaleza, refractarios a la virtud y pasto predilecto de la infamia y el abuso. Cierto es que se trataba de una moral farisaica, impuesta desde el púlpito por salaces pederastas, capaces de incinerar, a cambio de prebendas, la disidencia que cuestionase el statu quo avalado por ellos. Una pseudo moral, absolutamente pérfida que de manera secular corrompió aun más el carácter retorcido de aquellos hombres animados por un espíritu renegado, ajeno al amor fraterno y presa de intenciones genocidas. Muy pocos se imaginan, y aceptan, el inconmensurable daño que una doble moral, -esa de pontificar la virtud en público y practicar el pecado en privado-, le ha hecho a este pueblo catecúmeno una clerecía hipócrita y corrompida hasta el tuétano. Tan grave ha sido su desatino que hoy, de frente a Dios y a la Sociedad humana, ellos son los principales responsables del total descrédito que padece la virtud; del doblez de los sentimientos y del empoderamiento de la traición y el transfuguismo en la pusilánime conciencia de muchos hombres de condición pública.
Y, quizá, no existe campo más fértil para las expresiones más abyectas de estas cuestionables conductas que el de la política y la deletérea vida de aquellos que se definen a sí mismos como hombres políticos. Un buen ejemplo lo constituye el mendaz ejercicio de la política colombiana, reducto predilecto de los hombres más faltos de escrúpulos nacidos, vergonzosamente, de este lado del mundo. Es paradójico que una tierra tan ubérrima en su naturaleza haya permitido el engendro de algunas creaturas tan deleznables y sórdidas como ciertos personajes de nuestra clase política, especímenes muy representativos de tan abominables y mezquinas prácticas. Más paradójico que haya sido en un país pacato, consagrado por la beatería al Sagrado Corazón de Jesús. Aquí se han criado engendros que la fantasía popular podría asimilar como hombres-lobo, hombres-vampiro, hombres-hiena, y hombres-buitre: todos ellos, sanguinarios y absolutamente desalmados, que, motivados por un elemental afán de lucro y unas ansias de poder homicidas han masacrado, estuprado, envilecido, mancillado y expoliado la virtud en todas sus formas, merced al genocidio y a la tiranía impuestos sobre sus coterráneos, en cotas difícilmente igualadas por otros criminales homicidas a lo largo y ancho del orbe y del tiempo.
En sentido estricto, no podríamos decir que todos los politiqueros han sido actores directos de tales bajezas. Pero por cohonestar omitiendo juzgar o por cruenta indiferencia, todos si han sido responsables del ominoso resultado final que ha convertido a mi país en un triste despojo que ellos, como hombres-buitre se disputan. Ellos, los autodenominados hombres políticos colombianos, para los que Maquiavelo se quedo corto en su clasificación, pues en su tiempo, la noción de Dios tenía un valor moral que hoy no tiene y constreñía la vileza de los hombres; y la decencia era una virtud que los hombres se esforzaban por cultivar, siendo hoy totalmente desconocida para estos politicastros criollos.
Quien considere exagerado esto, o pudiera dudar de su certeza, es un retrasado mental o está totalmente desrealizado por su ignorancia crasa y la carencia de un juicio crítico en el que algún reato de conciencia aun le señale la clara diferencia entre lo que está mal y lo que es justamente correcto. Basta ver una panorámica a vuelo de pájaro sobre la variopinta fauna de nuestra clase política, vergonzante y vergonzosa, que día a día nos regala pintorescas, cuando no horrendas, muestras de su cruenta ambición y desmedida estulticia.
Hace no más de ocho años que el pueblo confundido y hastiado por tantos baños de sangre e infame expolio creyó, ingenua pero no inocentemente, que al elegir a uno de los hombres-lobo, magistralmente disfrazado de redentora oveja; dueño de un lenguaje envolvente y manipulador, de un espíritu aparentemente noble, pero, en verdad, feroz y aguerrido que ofrecía reivindicaciones por doquiera, lograría la paz social y de espíritu tan anhelada; el tener una vida tranquila tanto en el campo como en la urbe, y un mundo de oportunidades equitativas y ecuménicas para acceder al ubérrimo (pero no a su finca) país consagrado al músculo cardiaco del nazareno. Este nefasto ser embelesó con pases de sierpe mañosa, ofreciendo, a toda costa, devolver la libertad de movilidad por el territorio nacional y poner en cintura a los hombres-lobo del monte, que asolaban la tierra santa y se estaban acercando osadamente a las ciudades, hasta ese momento, ajenas al fratricida conflicto de los campos. Prometió traer generosos, caritativos y desinteresados inversionistas extranjeros para reactivar la economía desangrada por los hombres-vampiro de la banca, dándoles la tajada del león por su loable altruismo. Habló de justicia social, y se dio golpes de pecho al lado de los jerarcas de la iglesia pederasta. Prometió acabar con el hambre y la pobreza endémica, solo que no dijo que era exterminando de hambre a los pobres. Y por último, de la manera más quijotesca, se comprometió a desfacer toda clase de entuertos y enderezar torceduras crónicas. En fin, toco y hablo de todo lo profano y lo sagrado engatusando muy bien al pueblo. Y este pueblo, este triste pueblo, una vez más creyó con la ilusión, anheló con el deseo y se olvidó que la realidad no está hecha de simples promesas y que solo se construye con genuino amor de patria, noble inteligencia y verdadero espíritu de justicia y equidad, repartiendo la demasiada riqueza que se concentra en tan pocas manos.
Este oscuro demiurgo les habló de una ética de trabajo y más trabajo, solo que nos les dijo que en verdad no habría más trabajo y que el poco que habría sería trabajo esclavo con sueldos de miseria. Lo cierto es que el trabajo disminuyó para las por siempre clases desposeídas, cada día más pauperizadas y rayanas en la miseria. Nunca hubo tanto desempleo y hambre por doquier. Pero aun así los hombres y mujeres de ese pueblo iletrado no entendieron.
De una manera sutil, negativamente admirable por lo artera, se aprovechó del miedo secular de las gentes e implementó un aparato de terror para combatir el terrorismo (otrora llamado inconformismo y reclamo de los desposeídos) aparentemente fundado en la mistificada ley de una constitución casi perfecta que con él se convirtió en letra muerta. Emprendió una guerra sucia, fomentado la delación, -desde los párvulos hasta la tercera edad-, con recompensas extraídas del erario público; premio con becas, trabajo, estudio y residencia en países del primer mundo a los terroristas genocidas relapsos y delatores (de izquierdas y derechas), y exonerándolos de cualquier responsabilidad legal por sus crímenes. Aprovechando las arcas ubérrimas del sangrado país, compró las conciencias de otros politicastros para que avalasen sus intenciones de permanencia en el poder; compró a otros plutócratas para que le defendiesen y sostuvieran ante los ataques de los enemigos del Estado, ahora cualquier simple detractor suyo.
Con su verborrea pueblerina satanizó a todos sus detractores y a todos estos les señaló como enemigos del Estado, para que sus esbirros, a sueldo o simples regalados simpatizantes, se los quitaran de en medio, como fuere. Ante la conciencia pública se erigió en una especie de redentor perseguido, víctima de aquellos que simplemente cuestionaban su elemental maniqueísmo y sus sectarias posiciones de exclusión hacia todos aquellos que no compartiesen su peculiar manera de ver el mundo y ejercer el poder. El país se convirtió en una extensión de su finca y lo administró como había aprendido a hacerlo con sus vacas y peonada.
Triste decirlo, pero con este personaje, la práctica más abyecta de la política alcanzó nueva dimensión, cuando quiso legislar por su cuenta, ser, a la vez, juez, fiscal, jurado y verdugo. Ser voz y ser lanza. Sin vergüenza alguna, arremetió contra la constitución, que el mundo reconocía como casi perfecta, pues parecía hecha para ángeles, ya que no se ajustaba a sus intereses; y con saña persiguió a los jueces que se atrevieron a juzgar apegados a la ley y trató de imponerles sus fiscales de bolsillo, así como hizo con el procurador y otros funcionarios de control que no eran más que polichinelas suyos. Como a otros, satanizó y señaló a los jueces de la patria que no hincaron su rodilla, y ante la nación, los declaró enemigos del estado insinuando con ello que sería legítimo que cualquier sicario de lenteja les agrediera.
En ejercicio de esa pérfida política de que el fin justifica los medios, entre sus secuaces más primitivos (adscritos a los aparatos represivos), una exigencia suya, mal entendida eso sí, por alcanzar resultados positivos en la lucha contra la insurgencia, dio lugar a uno de los más aterradores episodios de su desquiciado mandato: la muerte de miles de jóvenes inocentes de los estratos más bajos disfrazados de subversivos.
Amparado en la vieja estrategia de legitimar lo indecente invocando lo sagrado, - dándose golpes de pecho en las misas bajo las sotanas de una tradición religiosa farisaica y haciéndole genuflexiones a los jerarcas pervertidos de esa iglesia totalmente desacreditada por siglos de vicio, ignominia y servilismo a los mezquinos intereses de los poderosos-, hacía creer al pueblo raso que él era un buen hijo de Dios. Un buen creyente, un protector elegido para cuidar de ese pobre pueblo abusado. Y ¡ Oh curiosa paradoja !, ese pueblo abusado le creía y de absurda manera le veneraba, quizá por aquella singular condición sicológica (científicamente demostrada) de que podemos terminar amando a quien nos viola y abusa, a nuestros queridos verdugos.
De esta singular manera gobernó a este paisillo por dos periodos, aspirando, en su desmedida megalomanía e insana voracidad de poder, hacerlo por un tercero. Para ello corrompió a todo aquel que fuese corruptible, y le hizo zancadilla a la ley y torció la Carta Magna hasta donde pudo. La valiente decisión de la Corte Suprema, lo impidió, aplazando por un tiempo más dosis del mismo dolor para este sufrido pueblo.
Sin embargo, experto en trapisondas, contubernios, traiciones e incitaciones a los más descarados transfuguismos (y otras lindezas de este jaez), manipuló a esa clase política corrupta para garantizar un continuismo del catecismo que él impusiera ocho años atrás. De entre sus huestes surgió un singular clon,- temible por su ambición desmedida, juventud irreflexiva y avieso carácter-, quien recibió las banderas para convertirse en su reemplazo. Pero las triquiñuelas de la politiquería, claro está que más por enemistades que por convicciones morales (en una consulta popular para elegir candidato del partido al cual pertenecía este espécimen, hasta los de los demás partidos votaron por la otra candidata con tal de que este torvo personaje no ganara), dieron al traste con esa patética candidatura, lo que no impidió que el clon, bien adiestrado en todas las mañas, traicionase a sus copartidarios, renegando de sus promesas, para terminar colgándose oportunistamente del otro avatar del sátrapa, surgido de sus siniestras entrañas.
Por un curioso fenómeno, aun en estudio por la intelligentsia criolla, las clases altas, o burguesía local, comenzaron a demostrar cierto hartazgo y abierta repulsa al ambiente de corrupción y manipulación creado por este gobierno, y concluyeron que su previo apoyo había sido un error de cálculo que ahora debían subsanar. Era demasiado evidente que su canto de sirena había llevado al país a una polarización extrema, a un vergonzoso descrédito ante la opinión mundial y que ahora debían hacer algo. La plutocracia del país, muy fortalecida en su riqueza durante esta administración, también trató de deslindarse de quien otrora fuese su paladín, y sin mucho disimulo comenzó a coquetear con otras fuerzas políticas que a la postre les garantizaren la continuidad de su rapiña. Ellos solo se eran fieles a sí mismos y a los carteles financieros mundiales en cuya banca protegían los capitales expoliados en su patria. La burguesía local, aparentemente harta de parecer cómplice, o al menos indolente, emigró sus convencionales intereses hacía aquel que pudiese garantizarles, a mediano y largo plazo, su statu quo, sin mayores sobresaltos.
Y así, llego el tiempo de una nueva elección para la primera magistratura del bien abusado y por siempre sufrido país. Utilizando el poder como se acostumbra en un país en que se soslaya la ley, el sátrapa hombre-lobo, disfrazado aun de oveja, impulsó la campaña de su testaferro ideológico; uno que habría de garantizarle la prevalencia en el poder, aunque fuese en las sombras. Como un singular hito histórico aparecieron nueve candidatos a la presidencia, cada uno de ellos aparentemente legitimo que incitaron a creer a los ingenuos que esta era una maravillosa democracia. Pero, a los ojos críticos de los inteligentes (que si los había, a pesar de todo), realmente ninguno de ellos representaba el verdadero cambio que requería este país para pasar de la barbarie a la civilización. Casi todos, ya que no todos, incluidos los tildados de independientes y en la oposición ideológica, de una u otra manera no eran más que réplicas desleídas de ese viejo politicastro ávido de poder: hijos de una cultura afincada en el despojo y en el abuso.
Unos más que otros, convenientemente pertrechados en el miedo secular del pueblo a esa violencia endémica que definía nuestra nacionalidad, se habían apropiado –unos con sutileza, otros con franco descaro- de las políticas de seguridad democrática que eran el mayor logro de la dictadura saliente. Otra vez se oyó ese manido canto de sirena, y el pueblo, defecado por el susto de que los hombres-lobo montunos nuevamente se fortaleciesen; un atávico miedo oportunamente manipulado, auspiciado y prohijado por el sátrapa saliente, en primera vuelta, eligieron al avatar de éste: un vástago de la plutocracia y autor de desmanes que habían comprometido la seguridad nacional al agredir a un país hermano, y bajo cuya tutela ministerial se habían producido los crímenes contra esos miles de jóvenes inocentes que disfrazaron de subversivos. A un declarado áulico de las políticas represivas del dictador en curso de salida.
Pero no pudo ganar de primera mano, pues no alcanzó la mitad más uno que la cuasi perfecta constitución exigiera como requisito para elegir al primer mandatario de la nación. Se le atravesó la elevada votación por un singular personaje atípico, dueño de un carácter histriónico y bastante circense; aparentemente más inteligente que el promedio de nacionales; inclasificable, por su honradez, dentro de los parámetros tradicionales de la fauna política local. Era un hombre de academia, experto en matemáticas y filosofía, que por extraños avatares de la historia había sido dos veces Alcalde de la capital del país, ejerciendo una administración que de manera evidente no robó y educó al populacho, mediante estrategias heterodoxas de corte bufonesco, a ser civilizados en su convivencia y a manifestar su descontento,- a causa del hambre y la miseria cabalgantes-, de manera amable y lúdica.
Con un discurso novedoso acerca del valor sagrado de la vida en un país de genocidas; del valor sagrado del erario público en un país de desfalcadores de oficio y de la conveniencia de educar a las masas para que reclamaran con mayor civilidad la reivindicación de sus derechos, cautivo unos cuantos millones de ciudadanos de distinta pelambre, entre ellos parte de esa burguesía asqueada del cinismo del gobierno saliente y de una juventud descreída apática y apolítica, que él con su original canto de sirena atrajo y sedujo. Era un discurso de la decencia, de la civilidad, de la legalidad. Poco importaba que este personajillo, ideológicamente no estuviese muy lejos del sátrapa reinante, con sus esquemas de represión para la disidencia extrema; ni que viese la economía como un digno cultor del neoliberalismo que favorece a quienes tienen y desmejora a quienes no tienen. Aunque su manera de explicarse era harto enredada y algunos ad láteres suyos decían que lo que pasaba era que la gente no sabía comprenderle, cuando lo cierto era que él no sabía explicarse. Quienes se mostraban como sus incondicionales exégetas (y por ende por encima del común intelectual) fueron sus principales impulsores y, cosa curiosa, quienes convencieron a los demás seguidores suyos, pues la verdad es que este personaje, por sí mismo, fue incapaz de hacerse entender, y aun menos de convencer a mentes desprevenidas.
En la segunda vuelta, este país de jumentos aumentó el porcentaje de quienes no le comprendieron, dándole al testaferro oficial un aval que prácticamente triplicó al histrión. Que el pueblo se merece sus gobernantes lo dijeron los griegos hace dos mil quinientos años, cuando hablaron acerca de los tiranos y sátrapas que gobernaron la Atenas, cuna de nuestra cultura. La única alternativa aceptable de quebrar la hegemonía de una política perversa estuvo en manos de una especie de muñeco de ventrílocuo, incapaz de explicarse por sí mismo y cuyo valor subjetivo solo se apreció a través de terceros que dijeron que él podía ser la redención. Y este pueblito la desperdició eligiendo más de lo mismo. Un pueblo que admite por lideres a traidores, tránsfugas y amigos de los contubernios.
Esta es una historia de tránsfugas, traiciones y contubernios. Es una historia patética y, hasta cierto punto, inverosímil pues resulta muy difícil, de cara a la lealtad y a la decencia, de cara al rasero de la honestidad, creer que algunos espíritus sean capaces de mostrarse tan rastreros e inicuos en la consecución de protervos fines cuyo mísero corolario es la prosaica riqueza o el enajenante poder. Tristes fines, casi siempre logrados confirmando el manual de Maquiavelo y reafirmando su pérfido principio de que el fin justifica los medios. En honor a la verdad, prácticamente desde siempre, atenidos a las sagradas escrituras, la traición ha sido una mácula en el voluble carácter de los hombres; pero, quizá, nunca antes, como en estos tiempos , tal acción ha sido tan descarada, cuando los valores éticos son cosas de conveniencia y casi letra muerta; mero motivo de escarnio para los cínicos y descreídos.
Hubo antaño cierto dique moral que contenía los desmanes de algunos hombres, por naturaleza, refractarios a la virtud y pasto predilecto de la infamia y el abuso. Cierto es que se trataba de una moral farisaica, impuesta desde el púlpito por salaces pederastas, capaces de incinerar, a cambio de prebendas, la disidencia que cuestionase el statu quo avalado por ellos. Una pseudo moral, absolutamente pérfida que de manera secular corrompió aun más el carácter retorcido de aquellos hombres animados por un espíritu renegado, ajeno al amor fraterno y presa de intenciones genocidas. Muy pocos se imaginan, y aceptan, el inconmensurable daño que una doble moral, -esa de pontificar la virtud en público y practicar el pecado en privado-, le ha hecho a este pueblo catecúmeno una clerecía hipócrita y corrompida hasta el tuétano. Tan grave ha sido su desatino que hoy, de frente a Dios y a la Sociedad humana, ellos son los principales responsables del total descrédito que padece la virtud; del doblez de los sentimientos y del empoderamiento de la traición y el transfuguismo en la pusilánime conciencia de muchos hombres de condición pública.
Y, quizá, no existe campo más fértil para las expresiones más abyectas de estas cuestionables conductas que el de la política y la deletérea vida de aquellos que se definen a sí mismos como hombres políticos. Un buen ejemplo lo constituye el mendaz ejercicio de la política colombiana, reducto predilecto de los hombres más faltos de escrúpulos nacidos, vergonzosamente, de este lado del mundo. Es paradójico que una tierra tan ubérrima en su naturaleza haya permitido el engendro de algunas creaturas tan deleznables y sórdidas como ciertos personajes de nuestra clase política, especímenes muy representativos de tan abominables y mezquinas prácticas. Más paradójico que haya sido en un país pacato, consagrado por la beatería al Sagrado Corazón de Jesús. Aquí se han criado engendros que la fantasía popular podría asimilar como hombres-lobo, hombres-vampiro, hombres-hiena, y hombres-buitre: todos ellos, sanguinarios y absolutamente desalmados, que, motivados por un elemental afán de lucro y unas ansias de poder homicidas han masacrado, estuprado, envilecido, mancillado y expoliado la virtud en todas sus formas, merced al genocidio y a la tiranía impuestos sobre sus coterráneos, en cotas difícilmente igualadas por otros criminales homicidas a lo largo y ancho del orbe y del tiempo.
En sentido estricto, no podríamos decir que todos los politiqueros han sido actores directos de tales bajezas. Pero por cohonestar omitiendo juzgar o por cruenta indiferencia, todos si han sido responsables del ominoso resultado final que ha convertido a mi país en un triste despojo que ellos, como hombres-buitre se disputan. Ellos, los autodenominados hombres políticos colombianos, para los que Maquiavelo se quedo corto en su clasificación, pues en su tiempo, la noción de Dios tenía un valor moral que hoy no tiene y constreñía la vileza de los hombres; y la decencia era una virtud que los hombres se esforzaban por cultivar, siendo hoy totalmente desconocida para estos politicastros criollos.
Quien considere exagerado esto, o pudiera dudar de su certeza, es un retrasado mental o está totalmente desrealizado por su ignorancia crasa y la carencia de un juicio crítico en el que algún reato de conciencia aun le señale la clara diferencia entre lo que está mal y lo que es justamente correcto. Basta ver una panorámica a vuelo de pájaro sobre la variopinta fauna de nuestra clase política, vergonzante y vergonzosa, que día a día nos regala pintorescas, cuando no horrendas, muestras de su cruenta ambición y desmedida estulticia.
Hace no más de ocho años que el pueblo confundido y hastiado por tantos baños de sangre e infame expolio creyó, ingenua pero no inocentemente, que al elegir a uno de los hombres-lobo, magistralmente disfrazado de redentora oveja; dueño de un lenguaje envolvente y manipulador, de un espíritu aparentemente noble, pero, en verdad, feroz y aguerrido que ofrecía reivindicaciones por doquiera, lograría la paz social y de espíritu tan anhelada; el tener una vida tranquila tanto en el campo como en la urbe, y un mundo de oportunidades equitativas y ecuménicas para acceder al ubérrimo (pero no a su finca) país consagrado al músculo cardiaco del nazareno. Este nefasto ser embelesó con pases de sierpe mañosa, ofreciendo, a toda costa, devolver la libertad de movilidad por el territorio nacional y poner en cintura a los hombres-lobo del monte, que asolaban la tierra santa y se estaban acercando osadamente a las ciudades, hasta ese momento, ajenas al fratricida conflicto de los campos. Prometió traer generosos, caritativos y desinteresados inversionistas extranjeros para reactivar la economía desangrada por los hombres-vampiro de la banca, dándoles la tajada del león por su loable altruismo. Habló de justicia social, y se dio golpes de pecho al lado de los jerarcas de la iglesia pederasta. Prometió acabar con el hambre y la pobreza endémica, solo que no dijo que era exterminando de hambre a los pobres. Y por último, de la manera más quijotesca, se comprometió a desfacer toda clase de entuertos y enderezar torceduras crónicas. En fin, toco y hablo de todo lo profano y lo sagrado engatusando muy bien al pueblo. Y este pueblo, este triste pueblo, una vez más creyó con la ilusión, anheló con el deseo y se olvidó que la realidad no está hecha de simples promesas y que solo se construye con genuino amor de patria, noble inteligencia y verdadero espíritu de justicia y equidad, repartiendo la demasiada riqueza que se concentra en tan pocas manos.
Este oscuro demiurgo les habló de una ética de trabajo y más trabajo, solo que nos les dijo que en verdad no habría más trabajo y que el poco que habría sería trabajo esclavo con sueldos de miseria. Lo cierto es que el trabajo disminuyó para las por siempre clases desposeídas, cada día más pauperizadas y rayanas en la miseria. Nunca hubo tanto desempleo y hambre por doquier. Pero aun así los hombres y mujeres de ese pueblo iletrado no entendieron.
De una manera sutil, negativamente admirable por lo artera, se aprovechó del miedo secular de las gentes e implementó un aparato de terror para combatir el terrorismo (otrora llamado inconformismo y reclamo de los desposeídos) aparentemente fundado en la mistificada ley de una constitución casi perfecta que con él se convirtió en letra muerta. Emprendió una guerra sucia, fomentado la delación, -desde los párvulos hasta la tercera edad-, con recompensas extraídas del erario público; premio con becas, trabajo, estudio y residencia en países del primer mundo a los terroristas genocidas relapsos y delatores (de izquierdas y derechas), y exonerándolos de cualquier responsabilidad legal por sus crímenes. Aprovechando las arcas ubérrimas del sangrado país, compró las conciencias de otros politicastros para que avalasen sus intenciones de permanencia en el poder; compró a otros plutócratas para que le defendiesen y sostuvieran ante los ataques de los enemigos del Estado, ahora cualquier simple detractor suyo.
Con su verborrea pueblerina satanizó a todos sus detractores y a todos estos les señaló como enemigos del Estado, para que sus esbirros, a sueldo o simples regalados simpatizantes, se los quitaran de en medio, como fuere. Ante la conciencia pública se erigió en una especie de redentor perseguido, víctima de aquellos que simplemente cuestionaban su elemental maniqueísmo y sus sectarias posiciones de exclusión hacia todos aquellos que no compartiesen su peculiar manera de ver el mundo y ejercer el poder. El país se convirtió en una extensión de su finca y lo administró como había aprendido a hacerlo con sus vacas y peonada.
Triste decirlo, pero con este personaje, la práctica más abyecta de la política alcanzó nueva dimensión, cuando quiso legislar por su cuenta, ser, a la vez, juez, fiscal, jurado y verdugo. Ser voz y ser lanza. Sin vergüenza alguna, arremetió contra la constitución, que el mundo reconocía como casi perfecta, pues parecía hecha para ángeles, ya que no se ajustaba a sus intereses; y con saña persiguió a los jueces que se atrevieron a juzgar apegados a la ley y trató de imponerles sus fiscales de bolsillo, así como hizo con el procurador y otros funcionarios de control que no eran más que polichinelas suyos. Como a otros, satanizó y señaló a los jueces de la patria que no hincaron su rodilla, y ante la nación, los declaró enemigos del estado insinuando con ello que sería legítimo que cualquier sicario de lenteja les agrediera.
En ejercicio de esa pérfida política de que el fin justifica los medios, entre sus secuaces más primitivos (adscritos a los aparatos represivos), una exigencia suya, mal entendida eso sí, por alcanzar resultados positivos en la lucha contra la insurgencia, dio lugar a uno de los más aterradores episodios de su desquiciado mandato: la muerte de miles de jóvenes inocentes de los estratos más bajos disfrazados de subversivos.
Amparado en la vieja estrategia de legitimar lo indecente invocando lo sagrado, - dándose golpes de pecho en las misas bajo las sotanas de una tradición religiosa farisaica y haciéndole genuflexiones a los jerarcas pervertidos de esa iglesia totalmente desacreditada por siglos de vicio, ignominia y servilismo a los mezquinos intereses de los poderosos-, hacía creer al pueblo raso que él era un buen hijo de Dios. Un buen creyente, un protector elegido para cuidar de ese pobre pueblo abusado. Y ¡ Oh curiosa paradoja !, ese pueblo abusado le creía y de absurda manera le veneraba, quizá por aquella singular condición sicológica (científicamente demostrada) de que podemos terminar amando a quien nos viola y abusa, a nuestros queridos verdugos.
De esta singular manera gobernó a este paisillo por dos periodos, aspirando, en su desmedida megalomanía e insana voracidad de poder, hacerlo por un tercero. Para ello corrompió a todo aquel que fuese corruptible, y le hizo zancadilla a la ley y torció la Carta Magna hasta donde pudo. La valiente decisión de la Corte Suprema, lo impidió, aplazando por un tiempo más dosis del mismo dolor para este sufrido pueblo.
Sin embargo, experto en trapisondas, contubernios, traiciones e incitaciones a los más descarados transfuguismos (y otras lindezas de este jaez), manipuló a esa clase política corrupta para garantizar un continuismo del catecismo que él impusiera ocho años atrás. De entre sus huestes surgió un singular clon,- temible por su ambición desmedida, juventud irreflexiva y avieso carácter-, quien recibió las banderas para convertirse en su reemplazo. Pero las triquiñuelas de la politiquería, claro está que más por enemistades que por convicciones morales (en una consulta popular para elegir candidato del partido al cual pertenecía este espécimen, hasta los de los demás partidos votaron por la otra candidata con tal de que este torvo personaje no ganara), dieron al traste con esa patética candidatura, lo que no impidió que el clon, bien adiestrado en todas las mañas, traicionase a sus copartidarios, renegando de sus promesas, para terminar colgándose oportunistamente del otro avatar del sátrapa, surgido de sus siniestras entrañas.
Por un curioso fenómeno, aun en estudio por la intelligentsia criolla, las clases altas, o burguesía local, comenzaron a demostrar cierto hartazgo y abierta repulsa al ambiente de corrupción y manipulación creado por este gobierno, y concluyeron que su previo apoyo había sido un error de cálculo que ahora debían subsanar. Era demasiado evidente que su canto de sirena había llevado al país a una polarización extrema, a un vergonzoso descrédito ante la opinión mundial y que ahora debían hacer algo. La plutocracia del país, muy fortalecida en su riqueza durante esta administración, también trató de deslindarse de quien otrora fuese su paladín, y sin mucho disimulo comenzó a coquetear con otras fuerzas políticas que a la postre les garantizaren la continuidad de su rapiña. Ellos solo se eran fieles a sí mismos y a los carteles financieros mundiales en cuya banca protegían los capitales expoliados en su patria. La burguesía local, aparentemente harta de parecer cómplice, o al menos indolente, emigró sus convencionales intereses hacía aquel que pudiese garantizarles, a mediano y largo plazo, su statu quo, sin mayores sobresaltos.
Y así, llego el tiempo de una nueva elección para la primera magistratura del bien abusado y por siempre sufrido país. Utilizando el poder como se acostumbra en un país en que se soslaya la ley, el sátrapa hombre-lobo, disfrazado aun de oveja, impulsó la campaña de su testaferro ideológico; uno que habría de garantizarle la prevalencia en el poder, aunque fuese en las sombras. Como un singular hito histórico aparecieron nueve candidatos a la presidencia, cada uno de ellos aparentemente legitimo que incitaron a creer a los ingenuos que esta era una maravillosa democracia. Pero, a los ojos críticos de los inteligentes (que si los había, a pesar de todo), realmente ninguno de ellos representaba el verdadero cambio que requería este país para pasar de la barbarie a la civilización. Casi todos, ya que no todos, incluidos los tildados de independientes y en la oposición ideológica, de una u otra manera no eran más que réplicas desleídas de ese viejo politicastro ávido de poder: hijos de una cultura afincada en el despojo y en el abuso.
Unos más que otros, convenientemente pertrechados en el miedo secular del pueblo a esa violencia endémica que definía nuestra nacionalidad, se habían apropiado –unos con sutileza, otros con franco descaro- de las políticas de seguridad democrática que eran el mayor logro de la dictadura saliente. Otra vez se oyó ese manido canto de sirena, y el pueblo, defecado por el susto de que los hombres-lobo montunos nuevamente se fortaleciesen; un atávico miedo oportunamente manipulado, auspiciado y prohijado por el sátrapa saliente, en primera vuelta, eligieron al avatar de éste: un vástago de la plutocracia y autor de desmanes que habían comprometido la seguridad nacional al agredir a un país hermano, y bajo cuya tutela ministerial se habían producido los crímenes contra esos miles de jóvenes inocentes que disfrazaron de subversivos. A un declarado áulico de las políticas represivas del dictador en curso de salida.
Pero no pudo ganar de primera mano, pues no alcanzó la mitad más uno que la cuasi perfecta constitución exigiera como requisito para elegir al primer mandatario de la nación. Se le atravesó la elevada votación por un singular personaje atípico, dueño de un carácter histriónico y bastante circense; aparentemente más inteligente que el promedio de nacionales; inclasificable, por su honradez, dentro de los parámetros tradicionales de la fauna política local. Era un hombre de academia, experto en matemáticas y filosofía, que por extraños avatares de la historia había sido dos veces Alcalde de la capital del país, ejerciendo una administración que de manera evidente no robó y educó al populacho, mediante estrategias heterodoxas de corte bufonesco, a ser civilizados en su convivencia y a manifestar su descontento,- a causa del hambre y la miseria cabalgantes-, de manera amable y lúdica.
Con un discurso novedoso acerca del valor sagrado de la vida en un país de genocidas; del valor sagrado del erario público en un país de desfalcadores de oficio y de la conveniencia de educar a las masas para que reclamaran con mayor civilidad la reivindicación de sus derechos, cautivo unos cuantos millones de ciudadanos de distinta pelambre, entre ellos parte de esa burguesía asqueada del cinismo del gobierno saliente y de una juventud descreída apática y apolítica, que él con su original canto de sirena atrajo y sedujo. Era un discurso de la decencia, de la civilidad, de la legalidad. Poco importaba que este personajillo, ideológicamente no estuviese muy lejos del sátrapa reinante, con sus esquemas de represión para la disidencia extrema; ni que viese la economía como un digno cultor del neoliberalismo que favorece a quienes tienen y desmejora a quienes no tienen. Aunque su manera de explicarse era harto enredada y algunos ad láteres suyos decían que lo que pasaba era que la gente no sabía comprenderle, cuando lo cierto era que él no sabía explicarse. Quienes se mostraban como sus incondicionales exégetas (y por ende por encima del común intelectual) fueron sus principales impulsores y, cosa curiosa, quienes convencieron a los demás seguidores suyos, pues la verdad es que este personaje, por sí mismo, fue incapaz de hacerse entender, y aun menos de convencer a mentes desprevenidas.
En la segunda vuelta, este país de jumentos aumentó el porcentaje de quienes no le comprendieron, dándole al testaferro oficial un aval que prácticamente triplicó al histrión. Que el pueblo se merece sus gobernantes lo dijeron los griegos hace dos mil quinientos años, cuando hablaron acerca de los tiranos y sátrapas que gobernaron la Atenas, cuna de nuestra cultura. La única alternativa aceptable de quebrar la hegemonía de una política perversa estuvo en manos de una especie de muñeco de ventrílocuo, incapaz de explicarse por sí mismo y cuyo valor subjetivo solo se apreció a través de terceros que dijeron que él podía ser la redención. Y este pueblito la desperdició eligiendo más de lo mismo. Un pueblo que admite por lideres a traidores, tránsfugas y amigos de los contubernios.
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